Cambiar nuestra realidad

Cambiar nuestra realidad

Nuestros pensamientos producen efectos reales y perceptibles en nuestra vida.

Imagen: lifewellnest.com

La rutina cotidiana, los pensamientos y emociones de siempre perpetúan el mismo estado del ser, el cual crea las mismas conductas y la misma realidad. Si queremos cambiar nuestra realidad, tenemos que pensar, sentir y actuar de nuevas formas, y ser distintos; la Masonería nos ayuda -a través de herramientas simbólicas- a transformarnos en otra persona y observar con una nueva mente.

El cambio requiere coherencia: re alinear pensamientos y sentimientos. Los pensamientos son el lenguaje del cerebro y los sentimientos el del cuerpo. Para despertar del sueño de la realidad rutinaria al que nos hemos acostumbrado, habremos de cambiar nuestro mundo interior – el modo de pensar y sentir.  Cambiar el mundo exterior con nuestro esfuerzo y nuestra clara intención es el trabajo que hacemos en la Logia Librepensamiento: intentar salir de la imagen del mundo donde creemos vivir y donde nos descubriremos colgando del vacío.

La ciencia indica que el átomo es un 99´99% de energía y un 0´01% de materia; se compone principalmente de espacio vacío y patrones de frecuencia de información. Esto no explica la naturaleza de la realidad. Además, la física cuántica ha descubierto que la materia no se comporta siempre de la misma forma: las partículas subatómicas están sujetas a leyes distintas a las de las cosas que crean; están constantemente apareciendo y desapareciendo en las tres dimensiones, incluso en la nada (en el campo cuántico, en el sin espacio y sin tiempo), pasando de ser partículas (materia) a ondas (energía)  y viceversa.

Así que nos esperan una infinidad de posibles realidades, si como observadores aprendemos a dirigir el efecto observador: mente y materia están entretejidas; nuestra conciencia (mente) afecta a la energía (materia), podemos influir en la materia porque a nivel básico somos energía con conciencia. Somos materia consciente.

El universo cuántico está esperando a que un observador consiente (nosotros) influyamos con nuestra mente (que es energía) para que las ondas de probabilidad energéticas se manifiesten en materia física, experiencias físicas en forma de acontecimientos en nuestras vidas.

No somos solo un cuerpo físico sino también una conciencia, que emite un patrón energético característico o una impronta, que cambia consciente e inconscientemente según nuestros estados mentales. La ley cuántica dice que todas las posibilidades existen simultáneamente. Nuestros pensamientos y sentimientos afectan a todos los aspectos de nuestra vida, más allá del espacio y del tiempo.

Recibimos lo que enviamos. Creemos un estado de felicidad e inspiración. Para influir en la realidad (entorno) y/o cambiar una situación de futuro (tiempo), debemos dejar de aferrarnos al mundo exterior (sin espacio), perder la conciencia corpórea (sin cuerpo), y desconectar del tiempo (sin tiempo), para convertirnos en conciencia pura. Así puede cruzarse la puerta del campo cuántico: no como “alguien” sino que entramos como “nadie”: trascendemos el tiempo y el espacio.

La mente produce efectos reales y perceptibles en nuestra vida.

Los Principios de la Francmasonería

Los Principios de la Francmasonería

Exposición sobre los Principios de nuestra Institución. 

 

¿Qué es la masonería? Según la última revisión y corrección de la R.A.E., la masonería es una

Asociación universalmente extendida, originariamente secreta, cuyos miembros forman una hermandad iniciática y jerarquizada, organizada en logias, de ideología racionalista y carácter filantrópico.”

Lo que puede ser una definición simplista, y para muchos matizable, no obstante, está exponiendo de forma sutil dos principios básicos de esta institución: la razón y la filantropía.

La razón es un elemento básico en masonería. Sin la razón como pilar sustentador, ésta no podría existir como tal o no tendría sentido. La capacidad de razonar, discernir, opinar, contemplar alternativas, considerar opciones etc. nos conduce a uno de los fines últimos de la masonería: la búsqueda de la verdad. Esta búsqueda, que tantos obstáculos, y a veces peligros, encierra, tiene su leitmotiv, o hilo conductor en la razón. El raciocinio es para el masón, y debería ser para el humano en general, su motor de vida a través del cual articula sus pasos, su experiencia y su construcción como persona, cediendo en los momentos adecuados la importancia suficiente a los sentimientos y la sensibilidad. Es la razón la que nos permite a los masones llevar a cabo nuestro proceso de construcción personal. Es la que aleja las tinieblas de nuestra mente y nos devuelve la augusta luz que nos fue concedida en nuestras respectivas iniciaciones. Toda la ordenación vinculada la masonería y a las logias es de tipo simbólico-racional, todo está pensado y obedece a determinados patrones. De esta manera, la razón, es esa suprema realidad que da sentido al trabajo masónico y lo dota de objetivos y fines.

Por otro lado la filantropía es otro de los principios básicos de la institución. Como hermandad, los francmasones y francmasonas procuran el bien de sus hermanos en una perfecta armonía. Pero va más allá. En nuestro ideario esta el amor a la humanidad como cuerpo social último y más numeroso. Somos seres sociales, vivimos en comunidad. Es por ello por lo que nosotros, a través de nuestro perfeccionamiento individual, finalmente volcamos en la realidad social todo lo mejor de nosotros de mismos, como piedras cada vez más pulidas. Como seres de razón y moral que somos, no podemos más que desear lo mejor para el resto de humanos y así, juntos, poder construir un mundo mejor en todos los aspectos. Un mundo en el que el amor y la paz hayan barrido al odio y a la guerra. Para esto mismo nuestra institución da seres capaces de poder aportar su pequeño granito de arena al universo. Un granito sincero y comprometido que, en la medida de sus posibilidades, no tiene otras premisas que las de ayudar a mejorar y desear el bien.

Al igual que masonería es razón, masonería es filantropía. Nuestra institución persigue cambiar el mundo a través de nosotros, en la escala que cada uno pueda. Con nuestra capacidad de razonar, cada vez más depurada, podemos hacer buenas y grandes cosas en el desarrollo universal. Tenemos entusiasmo. Y ese entusiasmo es consecuencia de nuestro amor hacia la humanidad. Aunque conocemos la maldad, creemos en la capacidad de los seres humanos para hacer el bien; por ello no podemos hacer otra cosa que fomentar esa bondad.

Estos dos principios de la masonería, sin embargo, no serían lo que son sin el llamado espíritu. Es esa fuerza invisible, esa gran motivación, esa dimensión profunda que cada uno de nosotros de manera personal encierra en lo más profundo de su ser. Ese espíritu personal es el que nos hace creer en lo que estamos haciendo. Nos hace creer en el camino que estamos siguiendo y los objetivos que perseguimos como masones. Es ese motor oculto que nos hace ver la vida de otra manera, con unos objetivos y unas metas. Es la parte trascendental de nosotros mismos; nuestra otra dimensión complementaria que hemos ido desarrollando, puliendo nuestro mundo interior.

Por tanto, estos tres principios son importantes para la masonería porque simplemente la hacen ser como es. Y es por ello por lo que son tan eficaces: porque son capaces de transformar una simple agrupación de personas en una hermandad consolidada por la razón, unida por la filantropía y sustentada por el espíritu personal de cada uno. No obstante, todo trabajo sobre los principios masónicos sería claramente incompleto si no citase a las máximas tradiciones, que son Libertad, Igualdad y Fraternidad. Esta tríada es resolutiva cuando se habla de Francmasonería, ya que estas tres palabras encierran en su interior la verdadera alma de la institución a través de sus fines últimos, y que en forma de proclama están siempre presidiendo nuestros Trabajos.

Para concluir podemos volver la vista a uno de los pasajes más importantes de la ópera La Flauta Mágica de Mozart: el final. En él se celebra el triunfo de la luz sobre la oscuridad y se canta con alegría a los nuevos iniciados una oda fraternal. Los protagonistas han conseguido superar la maldad de las tinieblas y escapar de egoísmos y odios personales. Superadas las pruebas del templo de la razón, sus nuevos hermanos los reciben con una alabanza simbólica. Este pasaje viene al hilo del tema que tratamos hoy ya que en él encontramos la culminación de los principios de la masonería: la razón que ha conseguido derrotar a la oscuridad, el amor a la humanidad celebrando las virtudes de los nuevos iniciados (símbolos del HOMBRE y la MUJER), y el espíritu, que místicamente invade la escena al calor de la Libertad, Igualdad y Fraternidad. En definitiva, no es más que el éxtasis masónico que ha de recordar al mundo el fin y el objetivo de nuestra institución, apoyada en los valores antes mencionados. El último pasaje del texto dice así:

 

¡Gloria a vosotros, iniciados!

Habéis dominado el poder de la Noche.

¡Gracias sean dadas a ti, Osiris, y a ti, Isis!

¡La fortaleza ha vencido y en recompensa ha coronado a la belleza y a la sabiduría con una corona eterna!

 

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Fundación de la Logia Librepensamiento

Fundación de la Logia Librepensamiento

Carta fundacional de la Logia Librepensamiento nº 90. Exposición de nuestros principios y valores.

Erigimos una nueva Logia, adogmática, mixta y liberal en Zaragoza, tierra con una larga tradición masónica que se remonta a finales del S. XIX, dando el relevo a dos Logias en el S. XX: la R.·.L.·. Constancia y la R.·. L.·. Moncayo (G.O.I.), masones que fueron perseguidos y en gran número condenados por su condición de Hombres Librepensadores, cuyo único delito fue defender los Principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, tríada republicana que ninguna tiranía ha podido vencer porque se sustenta en la conciencia de la esencia misma de hombres y mujeres constructores, que utilizan las herramientas para generar con sus Planchas de Arquitectura , la elevación de los ideales plasmados en el Sagrado Templo de la Humanidad.

Los miembros de esta asamblea nos presentamos con la firme voluntad de conocer y conocerse (gnosce te ipsum). Cómo sempiternos aprendices, tener siempre presente el espejo y reconocer que en nuestra interminable búsqueda de la Verdad, nosotros somos nuestros mayores enemigos.

Librepensadores con espíritu crítico, que utilizan sus herramientas en su discernimiento, valiéndonos de un método que nos libera de tutelajes, que pone en duda los juicios preestablecidos; masones con una indestructible voluntad que nos conduzca hacia la Libertad.

Somos conscientes de que en los tiempos actuales la defensa de las libertades humanas y ciudadanas no es tarea fácil, pero pensamos que la Masonería es una vía útil, como lo ha sido en la mayoría de procesos históricos convulsos, para garantizar la virtud humana del librepensamiento y recordar -a la mujer y al hombre que llaman a sus puertas- que no es ni debe ser siervo de nada, de nadie ni de sí mismo.

A su vez, los Hnos. y Hnas. que integramos esta asamblea de librepensadores, comprometidos con los valores últimos y más elevados de las libertades individuales y colectivas, entendemos que vivimos en un mundo globalizado y en continuo cambio. El ritmo de vida y su aceleración progresiva nos puede hacer pensar que lo que es importante hoy ya no lo sea mañana. Todos nosotros, conscientes de que la Masonería, como camino iniciático válido, en el desarrollo vital humano, no puede perder la batalla del nuevo milenio, nos sentimos comprometidos a practicar unos ritos, observar y estudiar unos símbolos y preservar unas tradiciones, conscientes de que su valor debe ser renovado a los tiempo actuales para que puedan seguir dando respuestas válidas a multitud de problemas de nuestra realidad social, como lo hicieron en tiempos pasados. Por todo ello, nosotros apostamos con ilusión por este camino iniciático, seguros de que su validez seguirá resplandeciendo por los caminos que aún nos quedan por transitar juntos.

Es mediodía en punto, es la hora exacta en la que recogemos el testigo y nos hacemos depositarios del extraordinario legado que hombres y mujeres nos dejaron, transmitiéndonos tan incorruptibles Principios.  

Hemos Dicho

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