El subidón sagrado de una gran iniciada y mujer de pro

Imágenes del Liber scivias (1141-1151), una descripción iluminada ilustrada con sus visiones del cosmos y una reflexión sobre la posición que la humanidad ocupa en su seno.
Los mundos visibles e invisibles parecen ir de la mano de Hildegarda de Bingen, una de las pocas grandes iniciadas reconocidas, mujer que dio un sentido profundo y duradero a lo sagrado y de maravilla ontológica, para conectarnos más plenamente con lo divino. Aunque, más bien, podría interpretarse como vivir en intimidad con y entre el mundo natural -que invita a una sintonía con lo espiritual- a través de una relación interanimadora con aquello que constituye nuestro lugar.
La R.·.L.·. Librepensamiento al O.·. de Zaragoza rinde homenaje a esta mujer, en la semana previa al día Internacional de la Mujer: Hildegarda de Bingen, figura femenina destacada en la tumultuosa Alemania del siglo XII, cuya labor como abadesa, visionaria, profetisa, herbolaria y compositora tuvo un gran impacto en su época. Sus experiencias etéreas, descritas hoy como místicas o clarividentes, están registradas en su “Scivias” y en el “Libro de las Obras Divinas”, en los que residen el asombro, la admiración y un profundo conocimiento del misterio y la magia que nos permite reavivar y recordar un vasto territorio de nuestra propia existencia, afirmando las interconexiones entre todos los miembros de la biosfera.
A través de estos modos de compromiso, Hildegarda nos dio la receta para el bienestar físico y espiritual: para vivir en intercambio mutuo con lo que es el otro, para entonces comenzar a sanarnos a nosotros mismos y vivir holísticamente en nuestro lugar y con nuestro planeta.
