Hace años que viene produciéndose un cambio social drástico

Imagen: Iftikhar Alam
El sistema educativo ha estimulado a estudiantes y jóvenes -en general- a cuestionar cuál es la gran verdad de la vida y la muerte: parece que este mundo altamente científico ha generado una era de desconfianza hacia los valores.
Los masones de antaño comprendieron rápidamente la importancia de la unidad: la unidad de propósito en no tener ambiciones militares, políticas ni teológicas, y sí intercambio de conocimientos y fraternidad, lo que sentó las bases para la formación de la filantropía.
Ser francmasón se convirtió en algo valioso, a menudo envidiado, por lo que su código debía transmitirse de boca en boca, de un Maestro Masón a sus Hermanos, y así de generación en generación. Para ello, se utilizó la alegoría junto con el simbolismo.
Las leyes sociales y morales no solo debían aplicarse, sino también enseñarse. Para facilitar la enseñanza y su comprensión, dar realidad y transmitir el significado, se utilizaron instrumentos comunes como la escuadra, el compás o el lápiz, y así se transmitió el mensaje y se recordó al masón sus deberes sociales en su trabajo diario.
Nos suelen preguntar: ¿Cuál es el propósito de la francmasonería hoy en día?
Quizás suene demasiado simple, pero no es iniciar candidatos para aumentar su membresía, sino capacitarnos para la comprensión de las verdades que sus rituales y ceremonias pretenden inculcar; desarrollarnos como personas benévolas, cultivar las virtudes sociales con nuestro prójimo.
La Francmasonería es una forma de vida. Esta es la verdad de la Francmasonería y este es nuestro desafío: el librepensamiento y el desaprendizaje:
