Contacto

Envíenos su consulta a través del siguiente formulario

Nombre

FAQ

escondido
¿Atea?
La Masonería es laica, y respeta la libertad de conciencia y pensamiento de cada miembro sobre las cuestiones religiosas. En las logias conviven en total armonía personas creyentes de diferentes religiones con agnósticos y ateos. Si bien la Biblia preside la mayoría de los Templos Masónicos (entre otros elementos simbólicos), su sentido apunta más a la Sabiduría que a la religión, a la que respeta y acepta en todas sus manifestaciones. Pero no las adopta como propias. Nuestra invocación al Gran Arquitecto del Universo las abarca a todas ellas además de la interpretación personal, como corresponde a librepensadores. Como ya se ha dicho, agnósticos y ateos tienen la misma dignidad entre nosotros, y todos participamos del trabajo enriquecedor en conjunto.
¿Anticlerical?
Falso. La Masonería admite entre sus filas, como no podría ser de otra manera en una institución de librepensadores, a cualquier persona, independientemente de su condición religiosa. El trabajo en Logia, nada tiene que ver con ello. De hecho, a diferencia de cualquier otra asociación en la que sus miembros tienen un corte ideológico o de pensamiento similar, la Masonería pretende unir a personas de diferentes ideologías y formas de pensar; ya que esa diversidad ayuda al enriquecimiento personal. A lo largo, sobre todo del último siglo, ciertos sectores de la iglesia han visto en la Francmasonería un enemigo que en realidad, es inexistente. Si se produjese un acercamiento real y sincero, estamos seguros de que los numerosos puntos en común existentes, darían como fruto una concepción completamente diferente.
¿Pretende dominar el mundo?
Esta, con ser la más ingenua e inverosímil de todas las calumnias que nos han endosado, es la que más ha calado en mucha gente y en muchas épocas. Tal vez sea debido al desconocimiento de la Francmasonería, a la que en ocasiones se ha relacionado con teorías de la conspiración. Se ha utilizado insidiosamente la larguísima lista de Grandes Hombres y Mujeres (presidentes, filósofos, humanistas, ideólogos, científicos, astronautas, inventores, músicos, precursores políticos…) que fueron o son masones, para intentar sostener una idea tan endeble. Bien al contrario, esas personas que se han acercado a la Masonería en un momento de sus vidas, lo han hecho por afinidad a sus ideales y, si han realizado cosas extraordinarias, nos gusta pensar que también ha sido gracias a la influencia que los valores de la propia institución masónica ha tenido en ellas y que les ayudó y ayuda a desarrollarse como mejores personas.

Tampoco es una agencia de contactos. Nada podría desilusionar más a quien se acerque a la Masonería con esa intención.

¿Una secta?
Todo lo contrario. La Masonería no exige obediencia ciega, no hay un líder, no lava el cerebro a nadie. Precisamente, como dice su propia definición, favorece el librepensamiento. La Masonería se dirige a personas libres y dotadas de autonomía como individuos; no aísla a nadie de su entrono, no genera enfermizas dependencias emocionales y no exige a sus miembros entregar todo lo que tienen para enriquecer a nadie. No hay ningún tipo de dirección espiritual o ideológica.

Al contrario que en una secta, cualquiera que no encuentre aquello que ha venido a buscar, puede libremente abandonar en el momento en que lo desee.

¿Guarda un secreto?
La Masonería no guarda ningún secreto. No es, por lo tanto, una sociedad secreta. Los años de franquismo y la brutal persecución sufrida por los masones les obligaron en tiempos a callar su pertenencia. Esto es debido a que las dictaduras, con su talante totalitario e independientemente de su signo, han perseguido a la Masonería por ser una entidad de difusión de ideas de libertad e igualdad, algo que cualquier sistema autoritario persigue. Hoy en día, ciertos prejuicios heredados de aquellos discursos llenos de falsedades, en los que se asociaba a la Masonería con todo tipo de valores negativos, o el simple desconocimiento del tema, hacen que perviva una cierta mala imagen totalmente infundada. Por ello, podemos decir que la Masonería actualmente es discreta: cualquiera puede revelar su propia pertenencia pero no la de otra persona. Con esta máxima se pretende decir que cada uno es dueño de sí mismo, dejando a criterio individual la expresión o no de su condición masónica.

Nueva prueba de que no se esconde ningún secreto es la gran cantidad de comunicados, artículos y entrevistas que realizan las diferentes entidades masónicas y que ayudan a entender y plasmar pública y realmente lo que hacemos y los valores por lo que nos regimos.

No hay un secreto ni una Verdad, y sobre ésta última hemos de decir que –parafraseando a Machado– nos reunimos para buscarla:

“¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”.

¿Dónde hallaré mi camino?
El que eso piense encontrará más bien un laberinto. Muchas respuestas hay para cada pregunta y esas respuestas las tiene sólo quien las formula. Carecemos de Gurúes, Sumos Sacerdotes o Administradores de la Verdad Absoluta. Porque sabemos que engañan, deforman, utilizan y manipulan tanto ideas como personas. En el mundo en que vivimos, quien se pregunte por cosas profundas encontrará inmediatamente todo género de sectas, libros mágicos, religiones, respuestas preestablecidas, conductas regladas, un guion ya escrito para toda tu vida; Verdades que no hay que buscar porque ya las tienes servidas y no hay más que obedecer y servir, a tu vez, a quien decide por ti. Puede que sea cómodo, pero a nosotros no nos vale de nada eso. Los masones también buscamos respuestas a tantas preguntas acuciantes. Y nos reunimos sólo para reflexionar juntos. Las conclusiones son cosa de cada uno. Mientras tus ideas no te lleven a atentar contra la tolerancia, la libertad, la igualdad y la fraternidad, hay un sitio para ti entre nosotros.
escondido
¿Elitista?
Sin duda alguna. No aceptamos fanáticos, integristas, racistas, xenófobos ni intolerantes de ninguna clase. En nuestro criterio de selección (que, efectivamente, es estricto) no se contempla ni el poder económico ni el prestigio del aspirante. Sólo su coincidencia con los valores humanísticos que la Masonería defiende y sostiene. Según está dicho desde hace casi tres siglos, puede ingresar en Masonería toda persona “libre y de buenas costumbres“.
¿Cosa de hombres?
Hay dos corrientes masónicas principales en el mundo. Una, de corte tradicional y conservador, en la que se observa aquella tradición de principios del siglo XVIII, en la que las mujeres no tenían libertad de decisión, y otra de talante más abierto y liberal.

La Logia Librepensamiento, es heredera de la Masonería liberal, surgida en el siglo XIX, en el que esta institución ya superó ese debate estéril y por tanto, la pertenencia de la mujer a la Masonería es lógica y necesaria. Entendemos que no sería posible el mejoramiento moral y material de la humanidad, sin la intervención de todas las personas, sea cual sea su sexo o condición.

¿Ritualista?
Correcto. Un ritual es una ceremonia, como lo es la apertura de los Juegos Olímpicos, la entrega de diplomas de una universidad, la jura de la bandera o una misa. Nuestros rituales tienen tanta solera como muchos de ellos y expresan tradiciones que recuerdan un pasado que nos es entrañable. Los rituales masónicos, que carecen de dioses, dogmas y clérigos, proceden de la decantación histórica del trabajo humano, del pensamiento, de la razón humana. En nuestros ritos, todo el mundo sabe por qué hace lo que hace, de dónde procede y qué significa: no hay mecanicidad ni repetición sin sentido. Todo se entiende. Los rituales conservan el método masónico, la iniciación, un proceso de autoesclarecimiento o aprendizaje psicológico. Estos rituales han sido elaborados a lo largo de siglos y guardan una específica “ecología” emocional y simbólica; son un sutil y hermoso equilibrio de gestos y palabras que no puede ser alterado arbitrariamente.
¿Iniciática y esotérica?
La masonería es esotérica desde el punto de vista de que hay que pasar por una iniciación para poder entender el significado de lo que se pretende transmitir a través de unos determinados símbolos La palabra esotérico designa a cualquier conocimiento que requiere de una inicialización, es decir, una cierta instrucción para llegar a él según el método empleado. Desde este punto de vista, el ajedrez es igualmente esotérico para alguien que no conoce sus normas de juego, o una ecuación para alguien que no sabe matemáticas, como la masonería para alguien que no ha tenido la oportunidad de vivir una iniciación, punto inicial del método masónico.

En virtud de lo dicho, es obvio que la Masonería es iniciática. Iniciación entendida como un conjunto de pruebas que son el inicio del proceso de perfeccionamiento humano a través del método simbólico. Es muy importante aclarar que no es necesario ningún conocimiento previo ni destreza especial para poder superar dichas pruebas, solo el pleno asentamiento en el deseo de mejorar como persona para, a través de ello, mejorar en lo posible nuestro entorno. Esta mejora de la calidad humana se entiende a través de los valores universales de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

¿Una estructura autoritaria?
Aquí no hay mandos únicos ni direcciones autoritarias. La Masonería ha sido a lo largo de su historia, y sigue siéndolo, una ferviente defensora de la democracia y sus principios. De ahí que cualquier decisión que decida aplicarse debe someterse a votación entre el llamado “pueblo masónico”, es decir, el conjunto de todos los miembros. Por otro lado, como en todos los organismos e instituciones, existen una serie de cargos cuyo cometido es la administración y la gestión, y que no perciben ningún tipo de remuneración por ello. Dicho esto, todos los cargos, hasta los más altos, son elegidos por sufragio universal, reelegibles sólo una vez y por un máximo de seis años en la administración general de la Gran Logia Simbólica Española, y un máximo de dos años en las logias federadas a ella. No reconocemos líderes ni mandatarios vitalicios.