Valores Masónicos

Valores Masónicos

La Masonería es una institución iniciática de librepensamiento, que promueve la libertad de conciencia y la tolerancia entre las personas, es universal y tiene como principios fundamentales, la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. Todos estos valores son señas de identidad que lo que buscan es aumentar el entendimiento y fraternidad social como base necesaria en la construcción humana. Todo ello conforma una manera de ver el mundo y entender su progreso, a través de una ética del trabajo y de la buena conducta como pilares sólidos que nuestra institución se esfuerza en difundir.


Así mismo, es una asociación voluntaria, que acepta tanto a hombres como mujeres con inquietud por aprender y por formarse a sí mismos, con la esperanza de que el progreso individual, contribuya a la mejora de la sociedad. Éste es sin duda una de las mayores máximas de nuestra institución. La idea de progreso en todos los niveles de la realidad es para la masonería una seña de identidad primordial. La forma de llevarlo a cabo contempla una primera fase de mejora individual a través del trabajo personal y también de la experiencia colectiva. La segunda etapa corresponde a que aquellas personas con la voluntad de progresar y mejorar vuelquen todo ello en su entorno y en el mundo en general, en la medida de sus posibilidades.


La Masonería no entra en discusiones de índole político ni religioso, dejando a cada miembro absoluta libertad de conciencia. Tampoco exige la creencia u obediencia ciega a una serie de postulados, considerándose totalmente adogmática. Para nosotros, el respeto por el otro, a sus creencias, formas de opinar, preferencias o gustos, es una cuestión básica y que observamos y practicamos plenamente dentro de la institución.

¿Quién puede llegar a ser Masón?

Cualquier persona libre y de buenas costumbres que acepte a los demás por sí mismos y que esté dispuesto a trabajar con cualquier persona, sea cual sea su ideología, su concepción del mundo y sus creencias íntimas.

Valores Masónicos

Qué es la Masonería

La masonería proviene de las fraternidades de los canteros medievales, quienes a través de metáforas – guías, usaban palabras y símbolos secretos para reconocer la legitimidad de los demás constructores, además de proteger su trabajo de los extraños.


Los masones realizan un juramento o promesa de que no estarán involucrados en “ningún acto que pueda tender a subvertir la paz y el buen orden de la sociedad, y de obedecer debidamente las leyes del estado y los Derechos Humanos”.

Valores Masónicos

Historia de la Masonería en Aragón

Varios han sido los personajes históricos aragoneses que han resultado vinculados con la Masonería sin fundamento alguno y muchas las fabulaciones vertidas al respecto. Han sido los excelentes trabajos del profesor de la Universidad de Zaragoza y miembro de la Real Academia de la Historia, José Antonio Ferrer Benimeli, los que han contribuido a dar una visión llena de justicia y alejada de mitos y mentiras sobre la Masonería. Ni el Conde de Aranda fue Gran Maestre Masón, ni el ministro de Gracia y Justicia, Manuel de Roda, y el embajador José Nicolás de Azara pertenecieron a la institución. Solo guiándonos por estudios académicos e investigaciones científicas podemos dar un relato veraz de la Francmasonería aragonesa.


Para poder hablar de la implantación en el territorio aragonés de esta institución conviene situar su llegada al contexto español. Ésta se produce en Madrid en el año 1728, momento en que se funda la logia “Matritense” en el Hotel de las Tres Flores de Lys, constituyendo la primera fundación de la Masonería en España. Prohibida más tarde por el rey Fernando VI siguiendo los deseos de la Inquisición, no volvería a instalarse en el país hasta la llegada de la invasión francesa y el dominio bonapartista.

Con la llegada de las tropas napoleónicas, se implanta en España una masonería de corte estatal, pensada para difundir los altos valores de la revolución francesa, los derechos del hombre y ciudadano, y ya de paso realizar la labor de propiciar la buena imagen del gobierno extranjero. Es en este contexto en el que funda la primera logia en Aragón en 1812, “San Juan de la Unión Sincera” en la ciudad de Zaragoza. Integrada por miembros de las tropas napoleónicas instaladas en la zona, su recorrido fue muy corto ya que, por causas del curso de la guerra, se retiró en 1813 junto al ejército, al otro lado de los Pirineos.


La vuelta a España de Fernando VII significó, a pesar de las esperanzas de los liberales, una vuelta al férreo sistema del Antiguo Régimen, donde la Masonería no tenía cabida. Perseguida de nuevo, no consiguió reponerse durante el reinado de Isabel II y el ascenso de los liberales al poder. Solo encontraría un retorno fiable con la llegada del llamado Sexenio Democrático, inaugurando un tiempo de bonanza para su actividad que se extendería más allá, por los reinados de Alfonso XII, Alfonso XIII y la Segunda República Española hasta la Guerra Civil. En este período comprendido entre los años 1869 y 1936 encontramos en Aragón unas 25 logias y varios triángulos (protologias), principalmente en las provincias de Zaragoza y Huesca.


Destaca en la capital aragonesa desde 1869 la logia “Caballeros de las Noche nº 68”, la cual contó entre sus 133 miembros con el prestigioso científico Santiago Ramón y Cajal, con una interesante actividad de opinión en pro de la paz con respecto a las atrocidades cometidas por el dominio turco en la zona balcánica. También en Zaragoza, a partir de 1870 encontramos la logia “Almogávares nº 10”, cuya intensa labor de difusión de la masonería llegó a crear triángulos en Canfranc y Huesca, y en 1888 a “Luz y Trabajo nº 39”, la cual editó la revista masónica “La Acacia”, conocida por su difusión del librepensamiento. En el resto de la provincia de Zaragoza encontramos una importante actividad masónica en la zona de Calatayud con la logia “Hijos de Almogávares nº 42, creada en 1891, la cual fundó triángulos en Ateca, Alhama y Velilla.


En la provincia de Huesca podemos ver en el último tercio del siglo XIX las logias “Pirenaica Central nº 74” en Jaca y “Lanuza nº 161” en Huesca ciudad, consolidando así una actividad masónica bastante consistente en el norte aragonés. No obstante, si hay una logia oscense digna de mención es “Luz de Fraga nº 55”, asentada en 1886 en la misma ciudad de su nombre, capital de la comarca del Bajo Cinca. Formada por hombres de gran cultura y valores, fue conocida por combatir el fanatismo religioso, que tan instaurado estaba en la zona, y promover la dignificación de la condición humana y conciencia caritativa. Entre sus medios de difusión contaron con diversas conferencias científicas, políticas y sociales, cuyo objetivo era promover los valores del librepensamiento, realizadas en el casino Progreso, fundado por la propia logia. También consiguieron editar el periódico “La Maza” y la reforma de diversos aspectos cívicos de la ciudad y sus servicios a través de la acción municipal.


Con respecto a Teruel solo tenemos noticias de la logia “Antorcha nº 263”, la cual, creada en 1889, llegó a tener hasta 17 miembros hasta su pronta disolución, tan solo un año más tarde.


Ya en el siglo XX hay que mencionar a la logia “Constancia”, la cual operó en dos intervalos de tiempo: entre 1914 y 1919 y también de 1931 a 1936. Fue conocida por su vitalidad en el tratamiento de temas como la guerra, la pena de muerte, la enseñanza, la cultura y la mujer, con un recuerdo especial al capitán Fermín Galán, llamado Hermano Vigor, fusilado por ser uno de los instigadores de la sublevación de Jaca en favor de la República en 1930.


Con el golpe de estado del 18 de Julio de 1936 se inicia una represión a la Masonería que podemos tildar de brutal. Los postulados del bando sublevado, que situaban a los masones, junto con judíos y comunistas en el blanco de todos sus odios, se impusieron en las provincias aragonesas y, salvo los pocos que pudieron exiliarse, llevaron al fusilamiento a la práctica totalidad de sus miembros. Entre los miles de asesinados, víctimas de la represión franquista, se encuentran, engrosando las listas, los masones de Aragón.


Es así como acaba la etapa de esplendor de la Masonería aragonesa entre los siglos XIX y XX. Prohibida por la dictadura franquista, solo pudo regresar al territorio español, y por lo tanto a Aragón, en los albores de la democracia, iniciando una andadura llena de nuevos horizontes y retos.

Valores Masónicos

Breve historia de la Masonería

Incidir sobre este tema es arduo, pues arduo resulta separar la paja del trigo, las voces de los ecos y la verdad de la leyenda. La escasa documentación histórica sitúa su origen en el siglo XIII y emergiendo de los gremios constructores medievales, que se afanaron en las joyas del románico y, sobre todo, del gótico. Eran gentes poseídas por un fervor de auténticos cruzados y de hecho consideraban a estos como sus ancestros. Quizá por esto se les tildaría más tarde de refugio de templarios, sin fundamento alguno. Aceptemos pues que la Masonería se mueve entre la historia y la memoria y, de una manera ecléctica y empírica, parece útil aceptar su devenir en cuatro grandes y clásicos períodos:


1.- Masonería operativa


Los archivos historiográficos ingleses se remontan a una pura semántica, pues ellos distinguían al albañil purista que colocaba la última piedra (free-stone-mason) del otro albañil rústico que labraba la piedra bruta (rough mason). No es preciso ser filólogo para deducir que de estos términos derivaría Freemason o Francmaçon, es decir, seguidores de la masonería.


Estos albañiles tan virtuosos eran contratados por reyes, nobles o eclesiásticos para una magna catedral o basílica “ad maiorem gloriam Dei” y ello representaba un trabajo de años. A tal fin era imperativo construir primero su taller donde guardarían sus complejas herramientas, formarían a sus aprendices en aulas, convocarían sus reuniones de diseño y todo ello en secreto y con ceremonia iniciática de admisión. Este taller recibía el nombre de Logia y en su aula se enseñaba cálculo, geometría y planimetría en unos siglos donde la plebe era analfabeta pero también diestra. Los alumnos se encuadraban en un esquema de subordinación de aprendices, compañeros y maestros a la orden del Gran Maestre o Gran albañil de la logia. Los criterios de admisión eran muy simples, pero exigentes: ser nacido libre, ser de buenas costumbres y guardar los signos lapidarios. Así fue hasta que sobrevino el siglo XVI.


2.- Masones aceptados


Nos situamos en los siglos XVI a XVIII. Se opera en Europa un gran cambio social, consecuencia de un fervor asociativo. Es la búsqueda de un espacio público para la sociedad civil, que pretende ser independiente de la Corona y de la Iglesia y que devendrá en la Era de la Ilustración o Siglo de las Luces, con su consiguiente gran revolución científica y social y la irrupción en escena de la burguesía.


Es este un periodo de transición en el que las sociedades masónicas desbordaron a los antiguos gremios, copiaron miméticamente sus esquemas de actuación y aceptaron en su seno a variopintas profesiones, en detrimento ya de las logias de cantería. Gozaron de una gran aceptación social, colmando la necesidad de espacio de variadas gentes que buscaban un lugar de reflexión libre de dogmatismos y restricciones. Los librepensadores hacían pues su aparición.


3.- Masonería especulativa


Era ya procedente que los masones buscaran un corpus de doctrina y una instancia jurídica. Y así en 1717 un 24 de Junio, se constituyó en Londres la Gran Logia de Inglaterra. Su fin era la fusión de cuatro logias profanas y, para ello, se dotaron de una Constitución protestante, que redactaron Sir James Anderson y Teófilo Desaguiliers. La constitución de Anderson sigue siendo la Carta Magna de la Masonería universal.


En su Declaración de Principios esta Constitución se afanaba por ser el eslabón perdido y reencontrado entre la Masonería operativa del antiguo albañil-cantero y la Masonería especulativa de profesionales que buscan sólo la arquitectura interior de las personas en sus trabajos de taller. Porque el fin último de la masonería no iba a ser ya la construcción de templos, sino edificar más bien templos de amor y de fraternidad universal a la Gloria del Arquitecto del Universo (así daban cabida a fieles de todos los credos).


4.- La Masonería en la Edad Contemporánea


En 1854 surgió, como es frecuente en muchas instituciones, el gran Cisma de la Masonería. Fue la decisión que tomaron los Grandes Orientes de Francia y Bélgica en 1854. Se trataba de suprimir la creencia en el Gran Arquitecto y en la Inmortalidad del alma, amén de admitir mujeres en las Logias. Fue todo un escándalo en el mundo anglosajón y la Gran Logia Unida de Inglaterra rompió sus lazos con estas Instituciones masónicas. Quedaron así la Masonería anglosajona o regular, exclusivamente masculina, y la Masonería latina o liberal que es laica e igualitaria. Ésta última está comprometida con los valores de la Libertad, Igualdad y Fraternidad y no exige la necesaria creencia en un Dios, ensalzando el valor del respeto en su seno a la libertad de conciencia y creencias personales que los miembros, eventualmente, puedan tener.


En la actualidad, la diversidad de la Masonería es total. En nuestros tiempos conviven logias masculinas, femeninas y mixtas. En algunas es necesaria la creencia en un Dios, mientras que otras no imponen esta cuestión como un requisito. Unas inciden más en el aspecto espiritual y simbólico, y otras se centran más en el estudio y análisis de las diversas cuestiones sociales. No hay una sola forma de entender la Masonería; es ésta la que se amolda a los gustos, preferencias e inquietudes de los que se deciden a conocerla.