En la Masonería alma y espíritu se unen en una misión

Detalle del mandil masónico de la estatua de George Washington. Imagen de OSV News/Rhododendrites vía Wikimedia Commons, licencia CC-SA 4.0.1768649
Esa misión es la de crear un mundo mejor, comenzando por nosotros mismos, mejorando como personas en un desarrollo personal de la humanidad -una naturaleza que compartimos- a través de la filosofía que la valora, el humanismo.
“Recordemos que siempre toda la Masonería es trabajo», afirmaba Albert Pike, masón del siglo XIX.
Este “trabajo» masónico”, es un trabajo ritual interior e indirecto frente a nuestro comportamiento. Realizando esta misteriosa y oculta labor es, además, como puede comprenderse en qué consiste el aspecto “secreto” de la Masonería.
A su vez, nuestra institución es “esotérica”, en su forma más simple: fuera del significado religioso u oculto, prestándose así a una “espiritualidad” diferente.
¿Qué es el espíritu?
El consciente vital de los humanos que anima el cuerpo y media entre el cuerpo y el alma. Es el principio de la vida o sustancia de nuestra mera existencia.
¿Por qué las personas, culturas y religiones lo perciben de manera de manera diferente? ¿Por qué es tan importante? ¿Lo tienen los animales, los árboles o las piedras? ¿De dónde emana?
Parece ser que no está delimitado por ninguna fuente divina o celestial. Simplemente es el principio vital en seres los humanos.

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El concepto de “alma” es muy diferente para un oriental, un neoplatónico o un ateo. Desde una pura perspectiva literaria y lingüística, tanto «alma» como «espíritu» tienen en su origen el significado de “aliento, vida”, pero el alma perdura para siempre, mientras que el espíritu desaparece con la muerte de su huésped humano.
Tal vez la Masonería nos ayude a alimentar a nuestra alma, pero nos referimos a la idea de que esto se realiza a través una práctica espiritual, donde el verbo “practicar” significa mejora. La práctica es un principio activo, una espiritual práctica: la de “trabajar de forma regular en perfeccionarse de manera consciente”.
Pero, el alma ¿puede ser entrenada? Muchos filósofos, como Aristóteles, Platón, y Sócrates, han debatido su naturaleza inmortal e incorruptible, por tanto inmodificable. Sin embargo, si el camino del espíritu es el mediador entre el cuerpo y el alma, es posible pueda purificarse de la capa de emociones y deseos que nos nublan. Y esto es lo que constituiría el ámbito de la práctica espiritual.
¿Cómo sería la comunicación entre el cuerpo y el alma si creyéramos que uno de ellos no existe? Aquí es donde la Masonería se interesa particularmente. Y nos guía a través de historias y símbolos diferentes. No solo nos enseña cómo mejorar el espíritu, sino que también explica el porqué, sin ser una fuente religiosa o teológica ni para el alma, ni para el cuerpo. No ofrece diversidad de explicaciones a los “orígenes del alma”, sino una información intermedia y neutral, para su desarrollo individual. Ser consciente de uno mismo es el primer paso; lúcidos en nuestra acción a nivel mental, físico y emocional, para ser capaces de ver los obstáculos y perseverar. Su lenguaje es directo, no confrontativo y no discriminatorio, una ayuda para encontrar nuestro propio camino: unimos nuestra alma y nuestro cuerpo humano, ¿se puede ser más espiritual?
